¿SE ACABARÁ  LA PANELA EN LA MESA DE LOS HOGARES COLOMBIANOS? 

Especial El Occidental 

La crisis del sector cañicultor en varias regiones del país, es por lo menos preocupante frente a lo que podría pasar con este producto básico de la canasta familiar. Costos de producción, precios en el mercado y la falta de mano de obra, como el tema más grave, son algunos de los factores que ponen en peligro la existencia de este producto en el mercado colombiano.

Frontino,  en el occidente antioqueño fue conocido como la “Ciudad Dulce de Colombia”, “Emporio panelero del occidente antioqueño” y lleva aún con orgullo el diploma de hacer “Las Fiestas Nacionales de la Panela” desde el siglo pasado, festividades con gran reconocimiento en el departamento.

PUBLICIDAD

Hace siete décadas había mal contados unos 300 trapiches y unas 10.000 hectáreas de caña sembradas en este municipio que cuenta con una extensión de 1263 km2, su vocación definitiva era la caña, sembrada sobre las laderas, abonada al ojo y con un desperdicio igual o mayor al 50% de los jugos del guarapo a través de unos molinos no tan modernos que dejaban el bagazo casi entero, el cual era aprovechado, después de secarse,  en los hornos de los trapiches para cocinar y sacar el producto final, en procesos poco tecnificados.

En los años 80 comenzaron a llegar unas variedades de caña y con ellas comenzó la modernización del proceso, cuando ya solo había la mitad de los trapiches, los demás habían sido apagados y los cañadulzales convertidos en cafetales o potreros para el ganado. Algunos trapiches siguieron con su forma artesanal y otros se fueron adaptando a normas y formas más técnicas y productivas.  

Los trapiches comunitarios y los derretideros 

Para la década del 90 se propuso el esquema de trapiches comunitarios y los que no se habían tecnificado se fueran cerrando. Llegó la eliminación del clarol, un químico que ayudaba a limpiar y dar bonito color a la panela, y los procesos de prelimpiadores y otras formas de cumplir con las exigencias del Invima para la producción de este dulce alimento. Para entonces ya se habían cerrado otros 100 trapiches.

Recuerdan algunos paneleros que “también ha habido una competencia desleal por parte de los azucareros que a través de “derretideros” reconvierten la azúcar en panela cuando esta está con buenos precios y dejan a los paneleros con mayores costos de producción y sin poder competir en el mercado”, “también paneleros con malas practicas y deslealtad con el gremio, compran azúcar de mala calidad y la reconvierten en panela “falsa”, a bajos costos” agregan los expertos en este tema.

El siglo XXI y el boom del etanol

Con la llegada del siglo 21 se vió en la caña una alternativa de combustible para mezclar con la gasolina, y el etanol volvió a despertar los deseos de sembrar caña en quienes sabían de este oficio. Tampoco fue bien aprovechado y se siguieron cerrando trapiches y cortando sembrados de caña que jamás se volvieron a resembrar. Esta tampoco fue la mejor alternativa.

Para el año 2010 el municipio de Frontino contaba con algo así como 108 trapiches y 1.800 hectáreas de caña, lo que significa que en 60 años se perdió la vocación cañicultora y solo quedaba el 30% de los trapiches y el 20% de la caña existente.

Hoy, para el 2025 hay mal contados 90 trapiches y en caña no se ha crecido nada, al contrario se ha bajado a solo 1.000 hectáreas. Y de estos  trapiches que sacaban panela por lo menos tres días a la semana, muchos de ellos solo prenden sus hornos un día al mes; así las cosas en 10 años habrá menos de la mitad de los trapiches existentes y la panela que se produzca será exclusivamente para satisfacer los compromisos de exportación, dónde se venderá a mejor precio y en moneda extranjera, con aumento de pedidos del mercado internacional, que valoran este producto colombiano que se produce en buenas condiciones ambientales y en un esquema de producción limpia, para poner sobre la mesa un alimento saludable y natural de muy buena factura.

Lea también: Pacientes sufren por las medicinas y Petro monta show contra farmacéuticos

La bendita mano de obra

Y es que otra de las razones para esta baja en la producción tiene que ver con la falta de mano de obra para la siembra, corte y transporte de la caña y para los trabajos mecánicos en los trapiches que requieren de un buen aprendizaje para que haya un producto de calidad. Grave lo que nos dice un empleador, “Cuando llegamos donde un campesino y le decimos que se ganará más del salario mínimo y estará como un trabajador formal con todas sus prestaciones sociales, nos manifiesta que no puede hacerlo porque pierde los subsidios del estado que le llegan; por lo cual la gente ya prefiere no trabajar”.

Los paneleros merecen un reconocimiento por su perseverancia y lucha con un producto que sus precios son tan etéreos, como el etanol que logre sacarse de su dulce guarapo. No les valen las mejoras técnicas y la buena calidad de su producto, porque cuando el mercado se inunda de panela, los precios son demasiado bajos y los costos de producción siguen altos y no logran cubrirse con los valores que venden.

Como dice otro productor y empresario de la panela, conocedor del tema  “Caña no hay, mulas carísimas, materiales de empaque ni se diga, mano de obra está muy complicada y si se consigue está muy cara y ahora que deberíamos estar trabajando duro y disfrutando de la bonanza, llegan unos comelones de turno y entran azúcar de contrabando para robarse la bonanza que le corresponde al productor”, el famoso proceso de derretir el azúcar y hacer panela.

Es tan desigual el panorama para el cañicultor que como dice otro panelero, “las diferencias y escenarios muestran que la panela es un alimento y el azúcar es solo  un edulcorante y el factor que no nos favorece hoy es el consumo de la panela en las nuevas generaciones, toda vez que los paneleros  no tenemos la capacidad de invertir en publicidad masiva y agresiva, por sus altos costos, como sí lo hacen otras empresas que ofertan productos sustitutos, como por ejemplo el frutiño, dónde además los niños y jóvenes de hoy tienen la posibilidad de escoger qué tomar o consumir y ellos eligen lo que ven en los medios, antes no, nos daban lo que había y en ninguna familia faltaba la panela”. A lo anterior se suma “hay una tendencia de los nutricionistas que hoy le recomiendan a los padres que no les den panela, porque lo asocian con el azúcar y creen que es mala para la salud”.

Por las anteriores consideraciones, podría suceder, de no establecerse una política económica seria para los cañicultores, que las nuevas generaciones no conozcan este dulce producto sobre su mesa o que no puedan saborear las delicias de una taza de agua de panela caliente con quesito. Hoy por ejemplo, en la modernidad de las ciudades a los niños no les dan tetero de aguapanela con leche, como las abuelas criaron a la mayoría de los colombianos durante muchas generaciones y es probable que como muchos otros productos nuestros, en el futuro solo se conozcan por las historias de los hogares más tradicionales de nuestros pueblos y no porque lo logren disfrutar sobre sus mesas.

Lea además: EN FRONTINO LA CULTURA ABRE NUEVAMENTE SUS PUERTAS

PUBLICIDAD
Follow by Email
Instagram