El periódico El Occidental transcribe la sentida nota de despedida a una mujer líder, concejal y dirigente del municipio de Frontino, que desde el corregimiento de Nutibara mantuvo su voz para contribuir al desarrollo de su pueblo. A su familia nuestro abrazo solidario.
Título: DESPEDIDA
Por: Mercedes Restrepo A.
Hoy nos reunimos para rendir un merecido homenaje a una madre, una líder, una amiga…
Despedir a una madre es un acto de amor profundo; es agradecer su legado, valorar sus enseñanzas y encontrar consuelo en los recuerdos compartidos.
Despedir a una madre es también sentir el dolor inmenso de perder el amor más puro y sincero. Es experimentar una soledad tan grande que por momentos pareciera que renunciamos a nuestra propia existencia, y solo nos acompaña el deseo de correr a su lado para emprender juntos el viaje hacia la eternidad.

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Doña Esmaria fue una mujer luchadora que, con tenacidad, se enfrentó a la vida. Cuando sus cuatro hijos aún eran muy pequeños, tuvo que despedir a su esposo. En medio de esa adversidad, decidió salir adelante y resolver la situación económica de su familia sentándose frente a una máquina de coser durante horas y horas, sin permitirse el cansancio, porque sabía que no podía darse ese lujo. Su responsabilidad era inmensa y el tiempo no daba espera.
Además de sus hijos, asumió con amor, entrega y abnegación el cuidado de sus padres, Pastor y Cruzana, a quienes acompañó hasta el final de sus días.
Todos recordamos el almacén, donde las telas eran la especialidad, y el estanquillo que surtía a tantos establecimientos. Entre risas, charlas y jocosas ocurrencias, atendía con dedicación a cada persona que solicitaba sus servicios. ¿Y quién no se sentó alguna vez en la banca de Doña Esmaria? Ese punto de encuentro para “tardear”, tomar tinto y conversar sobre las cosas simples o complejas de la vida; momentos de remembranza, de alegría, de compartir en la tranquilidad de nuestro pequeño terruño, Nutibara.
En el ámbito político fue una líder comprometida, que llevó en alto la bandera de su partido. Luchó por la justicia de su pueblo y gestionó recursos que ayudaron a mejorar las condiciones de vida de sus habitantes.
Su casa fue la casa de todos. Allí siempre se encontraba refugio, calor de hogar, compañía y, sobre todo, mucho amor.
De parte de todos los corazones que tocaste con tu amor incondicional, gracias… mil gracias. Hoy partes hacia ese lugar donde solo hay paz y descanso. Es un viaje sin regreso, porque Dios ha querido convertirte en uno de sus ángeles, y allí vivirás por toda la eternidad.
Buen viaje, Doña Esmaria.
Para César y Gudiela elevo mi oración al cielo, pidiendo que sus corazones se llenen de fe y esperanza. Que encuentren fortaleza en los recuerdos, en su legado, en sus enseñanzas y en el inmenso amor que siempre les prodigó.
Medellín, 18 de febrero de 2026.
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