Por: Balmore González Mira
Colombia según su Constitución Política, vigente desde 1991, consagra de manera expresa que este es un Estado Social de Derecho, lo que significa en palabras simples que no solo se somete a la ley, sino que también tiene la obligación constitucional de garantizar la dignidad humana y asegurar derechos sociales, económicos y culturales como la seguridad, la salud, la educación y el trabajo, para lograr una vida digna para todos sus ciudadanos, interviniendo para corregir desigualdades. Este modelo busca la prevalencia del interés general y la solidaridad, con una clara división de poderes y democracia participativa.
Tal vez una de las formas más evidente de la democracia participativa es la conformación y la elección de las Juntas de Acción Comunal, esa organización primaria en la Colombia profunda, como la llaman algunos, dónde una comunidad organizada convoca a sus miembros mayores de 14 años a qué se asocien, tener voz y voto y puedan intervenir en la elección de una mesa directiva, pero por sobre todo, intervenir en las decisiones que lleven al bienestar colectivo y a la satisfacción de las necesidades básicas insatisfechas de esa primitiva comunidad.

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Las Juntas de Acción Comunal son un verdadero instrumento para las APP, Alianzas Público Privadas y para el ejercicio de un buen gobierno, no se pueden constituir en un organismo que solo sea utilizado de manera politiquera para beneficio de un gobernante. En un ejercicio que hice con ellas en mi tiempo de alcalde en Frontino, pude congregar con éxito el mayor número de estas organizaciones en torno a la Asocomunal, dónde los líderes de las mismas y sus estructuras administrativas volvieron a creer en estas primarias asociaciones; recuerdo con agrado los primeros domingos de cada mes, como el salón que antes era vacío se llenaba con miembros de estas colectividades para planear y planificar lo que debía hacerse en cada uno de sus territorios.
Logramos crear el instrumento, parodiando aquella vieja ordenanza del peso a peso, dónde el municipio les proveía un jornal y los siempre admirables campesinos ponían otro para hacer mantenimiento de los caminos veredales. Esos caminos se cierran con motivo del rastrojo y de los pantanos en invierno y son su única comunicación terrestre con las áreas urbanas y con los puestos de salud y escuelas en la ruralidad. Igual hicimos con las Juntas de Acción Comunal que estaban ubicadas estratégicamente en las vías terciarias, a quienes les entregamos, a través de convenios, los mantenimientos y empradiz de los laterales viales, las cuales permanecían en mejor estado.
El gobernante que con responsabilidad haga las mejores alianzas con estas organizaciones tiene unos socios que garantizan buena inversión y que se constituyen en los propios veedores de la buena ejecución de las obras, las mismas que se hacen con amor y por necesidad por las propias comunidades, generando empleo, bienestar y haciendo rendir los recursos públicos, las Juntas de Acción Comunal son el vehículo hacia el estado comunitario o el verdadero estado social de derecho.
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