Por: Balmore González Mira
Cuando buscamos el significado de la palabra terrorífico en varios medios, nos encontramos con las siguientes definiciones tanto de la Web, la RAE y hasta la inteligencia artificial, IA, con los siguientes: Que causa terror o miedo muy intenso. Aterrador, espantoso, espeluznante, horrible, sobrecogedor, impresionante, terrible, horroroso, horrendo, horripilante, desmesurado.
Generalmente calificamos así a las dictaduras extremas; pero no estamos hablando de Venezuela, Cuba o Nicaragua, estamos hablando de Colombia. Y es que no exageramos cuando afirmamos que estamos en manos de un gobierno del terror, un gobierno que acaba con la salud, la educación, la fuerza pública y la economía, no puede ser calificado diferente, a ser un gobierno terrorífico. Máxime cuando es un gobierno tolerante y cómplice de los grupos criminales terroristas que operan en el país, permitiendo que sean los grandes capos del narcotráfico, tanto en siembra, como en producción y exportación de drogas ilícitas y les mantiene una inmunidad a través de la mal llamada paz total, que no es otra cosa que la “impunidad total”.
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Lo que encarna este gobierno en materia de desastres administrativos permanentementes y sobre todo de una espeluznante corrupción, puede ser superior a la que se ha vivido en los últimos cincuenta años en el país. “Campeón de la corrupción” es poco para lo que ha sido este desgobierno desvergonzado.
Un gobierno que no le interesa la estabilidad económica de la República es un gobierno que solo piensa en desestabilizar a la Nación; sus propuestas producen terror, miedo; abusar del incremento de los salarios mínimos de manera irresponsable, buscar recursos en la declaratoria de emergencia económica, en los fondos de pensiones y en los ahorros de los colombianos más necesitados es ir al extremo de crear pobreza por todo el territorio nacional, debilitar la economía y buscar acabar con los pequeños y medianos empresarios a cambio de tener un discurso socialista trasnochado, realmente produce terror.
Solo contaré grosso modo lo que con motivo del incremento irresponsable del salario mínimo me han contado algunos pequeños y medianos empresarios. Y que ahora no salgan a decir los defensores de lo indefendible que son empresarios que no tienen corazón. Un empresario que siempre sostuvo en su haber, hasta diciembre pasado, unos 90 trabajadores rasos, entre ayudantes de construcción, ayudante entendido, electricista, vigilantes y conductores, es decir, vinculados con un salario mínimo, me manifiesta que acaba de prescindir de 20 personas, es decir que ahora habrá de 90 empleados, 20 desempleados, un poco más de 20%. Un conocido restaurante de la ciudad que empleaba a 50 personas, tomó la decisión de prescindir del servicio de cocineros, aseadores, meseros y porteros en un total de 12, un desempleo del 24%; liquidó a los menos atentos y con menos actitud en la prestación del servicio. Doloroso me dijo este empleador. Y finalmente para solo ilustrar y no ser más extenso, otro pequeño empresario me confesó que de los 30 fijos que tenía vinculados a 31 de diciembre, con todas las prestaciones pasó a 24, que de estos, varios pidieron que los dejará y que no les incrementará salarios y que otros propusieron pasar a prestación de servicios y unos más a decir que les pagará por días y otros hasta por horas, incremento generalizado de la informalidad, para no tener que cerrar la empresa que es casi empleadora de toda una amplia familia.
¡Gracias al presidente Petro y a sus sabios ministros!
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