Por: Jorge Alberto Jaramillo Pereira – Exsecretario de Minas de Antioquia
Antioquia es, sin discusión, el corazón de la minería de oro en Colombia. Regiones como el Bajo Cauca, Nordeste y en la actualidad Occidente, concentran una parte significativa de la producción nacional, convirtiendo al departamento en un actor clave para las exportaciones y el crecimiento económico del país.
Sin embargo, en el nuevo entorno empresarial, producir no es suficiente.
El pasado 25 de febrero, el ranking de MERCO (Monitor Empresarial de Reputación Corporativa) que mide la reputación de empresas en países de Iberoamérica desde el año 2000, volvió a dejar un mensaje contundente: las empresas más valoradas en Colombia no son únicamente las más grandes o las más productivas, sino aquellas que logran integrar de manera efectiva los criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) en su estrategia.
En ese listado, dominado por sectores como el financiero, consumo masivo y energía, en minería se destacaron ARGOS y CORONA, pero particularmente las de oro siguen teniendo una presencia limitada o marginal. Este hecho no es menor: revela una brecha profunda entre el aporte económico del sector y su percepción en sostenibilidad.
La ausencia de empresas mineras de oro de Antioquia dentro de los primeros 100 puestos del ranking no necesariamente refleja falta de acciones, sino una desconexión entre lo que se hace en el territorio y lo que se percibe desde la sociedad y los grupos de interés.
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De hecho, cuando se conocen los informes de sostenibilidad de las empresas mineras, se evidencia una alta acción enindicadores fuertes y de alto impacto positivo en el territorio, lo que podría significar una falta de comunicación efectiva de las acciones implementadas, trabajo que tiene su mérito, enespecial porque las mineras en su mayoría operan en territorios con bajo nivel de desarrollo, agravado por alta informalidad, extracción ilícita de minerales denominada comúnmente como minería ilegal, presencia de grupos al margen de la ley y baja presencia de estado que indudablemente deteriora su imagen.
Hoy, la reputación se ha convertido en un activo estratégico. No solo influye en la confianza de las comunidades, sino también en el acceso a capital, la estabilidad operativa y la relación con el Estado. En ese contexto, los estándares evaluados por Merco funcionan como un termómetro de legitimidad empresarial.
Para las compañías mineras, especialmente en Antioquia, el reto es claro: evolucionar de un enfoque centrado en la operación hacia uno que integre de manera visible y medible la sostenibilidad. Esto implica avanzar en asuntos como ECOMINERÍA entre otros y, sobre todo, en una relación más cercana y transparente con las comunidades.
Pero también exige un cambio en la forma de comunicar. En un entorno donde la percepción pesa tanto como la realidad, no basta con hacer bien las cosas: es necesario demostrarlo.
Antioquia tiene el potencial para liderar la transformación de la minería en Colombia. Su tradición, su escala productiva y su capacidad empresarial son activos claves.
Sin embargo, el verdadero liderazgo del futuro no se medirá únicamente en onzas de oro, sino en confianza, sostenibilidad y desarrollo territorial, porque en la economía actual, tan importante como producir riqueza es construir reputación.
Según el informe del perfil económico de Antioquia de febrero 2026, del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, las exportaciones del sector minero energético sumaron US$ 5.661 millones, 52.5% del total exportado por Antioquia (US$ 10.770 millones) representadas en Oro 42,2%, seguidas de Café 9,9%, Banano 9,1%, Minerales de cobre 4,6%, Flores 3,9% y Minerales de metales precisos 3,6%.(www.mincit.gov.co)
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