Editorial El Occidental
No es de poca monta el titular que hoy queremos dejar para la reflexión de los lectores al cierre de la semana mayor. Y lo hacemos en la necesidad de contribuir a que el pueblo colombiano resucite después de la muerte que le están causando a la democracia de nuestro República.
El socialismo que hoy se implementa en Colombia es la fiel copia de lo que ya ensayaron con fracaso estruendoso en Cuba y Venezuela y que lograron parar en Ecuador, Bolivia, Argentina y Chile; desmontar las instituciones democráticas, debilitar la justicia y las fuerzas armadas, deslegitimar el sistema electoral, acabar con la economía, destruir el sistema de salud, y desfinanciar la educación; engañar a los menos favorecidos con un supuesto aumento de salario mínimo que genera más desempleo y pobreza y que hace crecer la informalidad. Acabar con la independencia del Banco de la República, mientras los miembros del anillo cercano al tirano van desfalcando a Ecopetrol y destruyendo a las empresas que tocan y se apropian del presupuesto del estado como si fuera una tienda familiar.
El ataque a la corrupción como bandera se acabó, la condena a las masacres de líderes desapareció. “El nos están matando” se esfumó, los derechos humanos ya no importan y la alianza con la peor delincuencia y criminalidad por parte del actual gobierno la siguen enmascarando en una fracasada paz total, porque ya las víctimas no importan. Es más, lo que antes se criticó como claudicación del estado por procesos de paz con algunos grupos criminales, hoy se hace de frente para buscar provecho electoral, con burro amarrado y armado, como está documentándose que acaba de suceder en algunas latitudes rurales en las elecciones de Congreso y que ya se espera implementar nada más y nada menos que en las áreas urbanas del área metropolitana del Valle de Aburrá.

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Lo que se viene en las elecciones de presidente el 31 de mayo es claro, o se va Colombia hacia la dictadura socialista o retornamos al libre capitalismo, es completamente evidente que en el escenario nacional hay dos ideologías, una que destruye con su discurso popular de los pobres contra los ricos, donde quieren estatizar todo, incluidas las empresas que miles de colombianos han construido por décadas y una ideología que respeta la economía, la propiedad privada, el sistema judicial y electoral. Pareciera demasiado simple pero sobre la mesa están estas dos vertientes ideológicas, una que acaba países y otra que los lleva hacia la prosperidad.
Es simple la comparación, ¿por qué todos buscan el sueño americano en Estados Unidos?, ¿Por qué nadie habla del sueño venezolano o cubano?
Pensemos en que Colombia requiere retomar el rumbo después de ensayar este modelo fracasado que durante estos cuatro años ha destruido lo que construimos en tantos siglos. Colombia no puede seguir siendo el imitador de los modelos del castrochavismo que llevan a la degradación humana, a la pobreza, al hambre, a la migración y al caos total para que una dictadura socialista sea la que nos regente en los próximos años.
Tomamos prestado un fragmento de la última columna de José Obdulio Gaviria, “Casto Ocando: El analista indispensable para entender a Venezuela y América Latina” como colofón de este editorial
“Escuchar a @cocando
permite entender por qué 2026 será un año de gracia para Venezuela y para Cuba. Al final del podcast, Ocando se refiere a Colombia y da pistas claras: elegir al representante del Socialismo del Siglo XXI sería un paso en falso que terminaría convirtiendo al país en el último refugio del chavismo venezolano, el correísmo ecuatoriano, el evomoralismo boliviano, el kirchnerismo argentino, el castrismo cubano y el podemismo español. Las recientes filtraciones estadounidenses sobre investigaciones contra el Pacto Histórico y Gustavo Petro son un recordatorio contundente de ese riesgo”.
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