Editorial El Occidental
La actitud asumida por el presidente Petro y que todos los colombianos pudieron observar en estos últimos días, no es otra que el talante de un tirano frustrado que odia al pueblo, a sus electores, a los alcaldes del país, a las empresas que generan energía y riqueza, a la institucionalidad y a las fuerzas militares.

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La tragedia de la ola invernal sin antecedentes que están padeciendo los departamentos de Córdoba y Antioquia, en este último, especialmente en la zona de Urabá, muestran como una personalidad enferma del gobernante los trata en plena catástrofe. Podrían quedarse muchas acciones por fuera, pero es menester que los medios de comunicación independientes debemos contarle a sus lectores el desarrollo de algunas. La primera es el abandono que padecieron los damnificados en los primeros días en Córdoba, su tierra natal, y el abandono una semana después en que sigue Urabá, solo porque es territorio antioqueño. Luego aparece un desubicado presidente ordenando investigaciones a Hidroituango y Urrá por supuestos malos manejos de los embalses, pero nunca recordó la corrupción de sus íntimos en la UNGRD, dónde se robaron de frente la plata que estaría hoy atendiendo a los más necesitados. Seguido de lo anterior se fue de paseo a la isla Gorgona mientras los cordobeses y urabaenses se ahogaban literalmente. Pero también es menester recordar que ante la insistencia del gobernador de Córdoba, hicieron un consejo de ministros que el país supo inició a las 10 de la noche, no porque era imperativo hacerlo, sino porque ya todos conocemos la irresponsable e irrespetuosa actitud del presidente Petro de hacer esperar a todo el mundo. Pero allí fue la tapa del congolo, pues según información periodística, solo dejó ingresar al alcalde de Montería y al Gobernador de Córdoba, dejando afuera y sentados en un andén a siete alcaldes de los municipios de este departamento que están en emergencia, como prueba de su odio por los gobiernos locales. Lo que desde El Occidental no entendemos fue la falta de solidaridad de sus colegas que no exigieron que tenían que dejar entrar a quienes están también padeciendo de estas catástrofes.
Pero no todo terminó allí, luego de culminar en su tierra estas detestables actuaciones y dejar esa prueba de la soberbia maltratadora, como dicen algunos expertos, lanza al aire cortinas de humo y hay quienes aseguran que haciendo gala del gobierno Estalinista que están implementando, con sofismas de distracción, inclusive dicen los más osados, inventando autoatentados, como que su aeronave con su familia adentro fue atacada y que trataron de sembrarle droga antes de la reunión con Trump en los Estados Unidos, lleva la atención hacia falacias para poner al país a hablar otros temas.
Nos creen idiotas a los colombianos o los idiotas de verdad creen que esos cuentos ya han sido digeridos por el país y que les están creyendo sus narrativas garciamarquianas para despertar solidaridad en favor del “demonio” de las mentiras.
Lo cierto, como lo dicen en las diferentes esferas de los hogares de la nación, es que el desprecio de Petro por la gente, es absolutamente irritante y condenable por parte del país que piensa y siente que quién nos dirige, nos gobierna, nos representa, pero que realmente no lo hace, es una vergüenza para todos los colombianos.
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