Durante cuatro días la Gobernación de Antioquia, con el apoyo de la Armada Nacional, llevó 15 toneladas de ayudas humanitarias a las familias afectadas por las lluvias en los municipios de Murindó y Vigía del Fuerte. Crónica de una travesía para llegar a donde los antioqueños lo necesiten.
Crónica: María Paula Jiménez – Gobernación de Antioquia
Urabá, febrero de 2026. El río Atrato no es solo un paisaje exuberante, cargado de majestuosidad y asombro. Para los habitantes del Urabá y del Chocó, es una carretera, un puente y casi siempre, la única conexión posible con el resto de Antioquia y de Colombia. Por eso, cuando la emergencia golpea, la respuesta también debe navegar.
Durante varios días, una misión humanitaria de la Gobernación de Antioquia recorrió sus aguas para atender a las comunidades de los municipios de Murindó y Vigía del Fuerte, territorios afectados por las lluvias recientes que golpearon el Urabá antioqueño.
La travesía comenzó en el Buque Nodriza de la Armada Nacional de Colombia, una Patrullera de Apoyo Fluvial Pesada con capacidad para transportar 70 personas. Desde allí se coordinó el traslado de cerca de 15 toneladas de alimentos no perecederos y kits de aseo. Tenían arroz, lentejas, panela, papel higiénico, jabones y otros implementos que para muchos pueden ser básicos, pero que, en medio de la selva, de las inundaciones y de las múltiples necesidades, para estas familias son un verdadero tesoro que les permite sobrellevar la tragedia.

A medida que el comportamiento del río lo permitía, la operación cambiaba el modo de transporte. En puntos donde la profundidad disminuía y el cauce se hacía más pequeño, las ayudas tuvieron que trasladarse a una embarcación tipo Espartano: más pequeña, capaz de ingresar hasta la orilla de las cabeceras municipales. Cada transbordo implicó fuerza, organización y compañía de más de 20 uniformados de la Armada.
Después de 48 horas de navegación contracorriente, la misión llegó a Murindó. Las familias esperaban en el muelle, con una sonrisa y con la ilusión de un nuevo comienzo, así lo sentía Haminson, uno de los habitantes. Su casa fue una de las más afectadas, está ubicada a unos pasos del río, construida con palafitos, es decir, con estacas y pilotes de madera para elevarlas sobre el nivel del agua. La de Haminson era la más bajita, y adentro el agua llegó más arriba de la rodilla. Perdió casi todo: comida, ropa, incluso, la cama donde dormía.
Así se cumplió una parte del propósito que tenía la misión: ayudar, proteger y acompañar. En Murindó se entregaron cerca de seis toneladas de ayudas humanitarias, distribuidas de manera organizada y priorizando a quienes resultaron más afectados por la emergencia, como Haminson, quien agradeció el apoyo.
La misión continuó río arriba con destino a Vigía del Fuerte. Una vez más el Atrato abrió sus brazos para llevar lo que días antes el afluente arrebató. El ingreso nuevamente al Buque se dio al caer la tarde, mientras el sol se ocultaba sobre la frondosidad de los árboles y uno que otro animal que se asomaba a hacernos compañía.
Después de 24 horas bajo constante lluvia y con las condiciones propias del río, la embarcación llegó a Vigía. La misión era entregar 9 toneladas que fueron movilizadas mano a mano en una cadena humana que demostró solidaridad y empatía con los habitantes.
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Entre botas, cajas y bolsas, se asomó Rocky, el perro que acompaña fielmente las misiones de la Armada, recorriendo el lugar como lo que es, un integrante más del equipo. Al llegar, en la orilla del muelle se veían dos mujeres, hermanas, limpiando lo que seguramente sería el almuerzo ese día: pescado. Bajo la lluvia salieron las personas a recibir las ayudas que serán el sustento de los próximos días, que les permitirá mitigar el hambre, algo fundamental, como lo describió don José, uno de los habitantes que recibió estos mercados.
En total, cerca de 15 toneladas de ayudas humanitarias fueron distribuidas durante esta travesía por el Atrato. La operación implicó planeación logística, articulación interinstitucional y presencia permanente en territorio para garantizar que la asistencia llegara directamente a las familias afectadas, tal y como lo quiso el Gobernador Andrés Julián.
Más allá de las cifras, la misión ratificó un principio: las comunidades del Atrato antioqueño no están solas. La Gobernación llegó hasta donde el acceso solo es posible por vía fluvial, en medio de condiciones climáticas adversas y largos trayectos contracorriente.
La navegación terminó en Vigía del Fuerte cuando el río volvió a quedar en silencio y solo estaba la certeza de que cada kilómetro recorrido tuvo sentido. Llegar al Urabá lejano, ese que está surcado por el Atrato, no era el único propósito: era cumplirle a los paisanos y, sin duda alguna, estar donde los Antioqueños lo necesiten. Misión cumplida.
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