EL CONGRESO Y EL ESPECTRO URIBISTA

Por: Félix Alfázar González Mira

Las listas a la Cámara de Representantes del partido Centro Democrático en Antioquia reflejan con claridad el amplio espectro doctrinario legado por el expresidente Álvaro Uribe Vélez. En ellas encontramos dirigentes que se mueven en los distintos escenarios de la vida ciudadana: en la cotidianidad, en el trabajo comunitario y en el trasegar diario de lo que compone la vida de nuestras comunidades.

A esta doctrina se le suele etiquetar como de derecha, en buena medida porque uno de sus pilares es la seguridad integral, democrática y probadamente eficaz para la consecución de la paz y el restablecimiento del Estado de derecho. También por la defensa de valores tradicionales, interpretados a la luz de los tiempos actuales en asuntos tan sensibles como la niñez, la familia contemporánea y la autonomía y emancipación de la mujer.

Sin embargo, esta corriente política también abreva en la socialdemocracia, producto de su origen liberal, al haber desarrollado —donde ha ejercido el gobierno— una verdadera política social. El liberalismo partidista tradicional y los progresismos contemporáneos suelen ser prolíficos en el discurso social, pero pobres en la ejecución de políticas sociales eficaces. No ha habido, en la historia reciente de Colombia, una política social más robusta que la implementada durante el gobierno de la Seguridad Democrática entre 2002 y 2010.

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Programas como Familias en Acción, el subsidio al adulto mayor, Familias Guardabosques, el impulso al estudio y al emprendimiento juvenil a través del Servicio Nacional de Aprendizaje y el Fondo Emprender, el fortalecimiento del microcrédito para combatir el fenómeno del “gota a gota”, y la bancarización de los sectores populares, entre muchas otras iniciativas, contribuyeron a que Colombia dejara atrás la etiqueta de “Estado fallido” para convertirse en un referente regional de estabilidad institucional y crecimiento.

Esa integralidad doctrinaria del uribismo, exitosa en su aplicación práctica, se encuentra hoy reflejada en las listas al Congreso que los colombianos escogerán el próximo domingo 8 de marzo.

Para el Senado de la República se presentan aspirantes que interpretan sectores fundamentales de la vida nacional: salud, educación, infraestructura, seguridad, un Estado pequeño pero fuerte, diálogo permanente con las comunidades y defensa de los valores de una sociedad libre, democrática, honrada y transparente. También hay representación regional, de género y generacional. Existen igualmente nombres aún poco conocidos en el escenario público, de quienes se espera puedan convertirse en revelaciones positivas en esta época turbulenta de la patria. Y, por supuesto, muchos colombianos anhelan que el círculo lo cierre el gran referente político que ha encarnado estas banderas y que ha demostrado, en sucesivas gestas electorales, su compromiso con el destino nacional.

La lista a la Cámara de Representantes por Antioquia del Centro Democrático reúne una variada y sólida nómina de liderazgos que, en su conjunto, interpretan para la región lo que el partido ha buscado para el país. El mayor intérprete contemporáneo de esa doctrina en Antioquia es el gobernador Andrés Julián Rendón, quien hoy ejerce como capitán de un barco que ha sabido sortear las tormentas políticas del periodo del malqueriente de Antioquia, el presidente Gustavo Petro.

Su gestión ha permitido avanzar en una política social profunda en educación, salud, atención a los sectores vulnerables, infraestructura y, especialmente, en seguridad, convocando al esfuerzo colectivo de los antioqueños incluso en medio de incomprensiones y resistencias de los gremios. La asociatividad territorial, el saneamiento básico, el fortalecimiento del papel de la mujer en la vida pública y su emancipación económica han tenido un lugar relevante en este singular gobierno.

A ello se suma una política de austeridad administrativa —a veces incomprendida por quienes dependen de la nómina pública—, creatividad financiera para apoyar al sector real y a la economía popular, y un ejercicio de honradez y transparencia en la ejecución presupuestal. El aprovechamiento del Fondo “Horizontes”, inspirado en los superiores valores históricos y ancestrales de Antioquia, perfila esta administración como una de las más destacadas del departamento en los últimos tiempos.

En ese contexto aparecen figuras de probado recorrido público. El nombre de Andrés Guerra suscita confianza y esperanza por su trayectoria política y su compromiso con iniciativas que buscan rescatar el espíritu de la Constitución de 1991 en materia de autonomía fiscal territorial, una tarea que deberá desarrollar el Congreso que elegiremos.

Por su parte, Ana Ligia Mora, con su sólida trayectoria ambiental y su compromiso con la defensa del agua y de los ecosistemas, representa una voz necesaria para que la agenda ambiental tenga una vocería seria y calificada en la Cámara.

Desde las regiones emergen también liderazgos con profundo conocimiento del territorio. Jhon Jairo Berrío, Osbaldo Angulo de la Rosa y Juan David Zuluaga  provenientes del Norte antioqueño, del dinámico y global Urabá y del Oriente progresista y promisorio, aportan la experiencia adquirida en el ejercicio de sus alcaldías. Su presencia será clave en la construcción de la Ley de Competencias que deberá asignar recursos y responsabilidades claras a las entidades territoriales.

Entre las nuevas voces surge igualmente la figura de David Toledo, quien con valentía y hasta con temeridad, ha puesto sobre la mesa un debate incómodo pero necesario: la creciente hegemonía ideológica en algunos espacios de la educación superior. Gracias a sus denuncias y reflexiones, muchos comienzan a preguntarse por qué instituciones como Universidad EAFIT ofrecen auditorios amplios a determinados discursos ideológicos mientras reducen los espacios cuando se trata de escuchar a líderes como Álvaro Uribe Vélez disertar sobre democracia, liderazgo, libertad económica e inversión privada.

Finalmente, en el terreno de la seguridad —la piedra angular de la prosperidad— aparece una candidatura que representa experiencia concreta en la gestión pública. Haber sido secretario de Seguridad de Rionegro con resultados visibles y medibles demuestra el temple y la responsabilidad con que Gregorio Orjuela Pérez ha asumido la defensa de la convivencia ciudadana.

Formado en la escuela de liderazgo del gobernador Andrés Julián Rendón, Orjuela representa la continuidad de una política transversal que entiende que sin seguridad no hay desarrollo, inversión ni prosperidad. Lo acompañaré con mi voto en el 115 en el tarjetón del Centro Democrático, para que esa visión esté debidamente representada en el Congreso de la República.

De varios nombres de la lista a la Cámara aún no tengo conocimiento directo. Pero me asiste la convicción de que, teniendo como orientador tutelar al liderazgo que ha marcado el rumbo de esta corriente política, las curules del Senado y de la Cámara contarán con aquello que el viejo lenguaje republicano definía con precisión: habrá “luz en la poterna y guardián en la heredad”.

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