Editorial El Occidental
El próximo domingo 21 de junio de 2026 es un día histórico para Colombia, se define no solo un presidente sino un sistema de gobierno entre las ambiciones de dictaduras o entre el restablecimiento total de la democracia. Un modelo de estado liderado por la neomonarquía castrochavista de izquierda o un nuevo modelo de derecha que busca el restablecimiento de las libertades a través de la seguridad plena.
Mantener el actual modelo de estado es decirle no a las regiones, no a la descentralización, en cambio la formula del Tigre llegará plena con la Colombia de la autonomía fiscal que todos reclamamos en municipios y departamentos.
No dejemos que Colombia caiga al abismo imitando a Cuba, Nicaragua o Venezuela, si de imitar gobiernos actuales se trata, debemos tomar ejemplos cercanos y vivenciales de lugares y países donde hasta hace unos años reinaba la violencia y con autoridad hoy florece la seguridad; si El Salvador con Bukele logró el milagro de recuperar ese país, Colombia tiene que decir en las urnas quien recuperará la patria. Pareciera una premisa simple, pero se debe imitar lo bueno y no lo malo.
La segunda vuelta será la decisión entre Buenos y malos gobiernos; el modelo actual ha implementado conductas de corrupción jamás vistas; ha llevado la seguridad a la inseguridad plena; ha desatado la persecución a los empresarios que generan empleo; ha roto de manera irresponsable las relaciones internacionales; ha apoyado el terrorismo dentro y fuera de nuestras fronteras, estableciendo un gobierno con y para los bandidos; ha pisoteado el orden constitucional; no ha respetado la separación de poderes; ha irrespetado las decisiones autónomas del Banco de la República; ha incitado a las bandas y a los delincuentes a romper la paz y la seguridad ciudadanas. La justicia poco le importa, se acata si favorece y se cuestiona o ataca si no lo hace. Han destruido los sistemas de salud, educación y de las fuerzas militares. Irrespetan diariamente a la mayoría de alcaldes y gobernadores de Colombia. En fin, esta debacle tiene que acabarse en las urnas el próximo domingo y Antioquia, será quien con más de un millón de votos de diferencia entre la revelación electoral de Abelardo de la Espriella y el candidato de las farc, innombrable por cierto, defina el futuro de la patria y salve a Colombia de un segundo gobierno de los fracasos, las mentiras, las persecuciones, la corrupción y la ilegalidad.
Por el restablecimiento de la República, un llamado:
¡Antioqueños, salvemos la patria!

