FORMALIZAR NO ES LEGALIZAR, ES SEMBRAR EMPRESAS

Por: Jorge Alberto Jaramillo Pereira – Exsecretario de Minas de Antioquia

Antioquia es lo que es gracias a la minería. Desde los siglos XVI y XVII, con los distritos mineros de Santa Rosa de Osos y Remedios, el oro fue la base sobre la cual se construyó gran parte del desarrollo económico del departamento. Cuando muchos de esos yacimientos comenzaron a agotarse, la riqueza generada no desapareció: se transformó en ganadería, agroindustria, comercio, infraestructura y empresas. El norte antioqueño es un ejemplo de cómo la minería bien aprovechada puede convertirse en desarrollo territorial. Hoy es una de las principales zonaslecheras del país, líder en producción porcícola, cuenta con miles de hectáreas reforestadas y una economía diversificada. Ese legado debe inspirar el futuro.

Hoy Antioquia continúa siendo el principal departamento minero de Colombia. Para el año 2025, las exportaciones entre oro, minerales de cobre y metales preciosos, sumaron 5.929 millones de dólares, representando el 55% de las exportaciones del departamento (Ministerio de Comercio, Industria y Turismo. https:www.mincit.gov.co). 

Sin embargo, durante los últimos años también ha enfrentado el crecimiento de la extracción ilícita de minerales, una actividad que ha dejado enormes daños ambientales, pérdida de ingresos públicos, economías ilegales y comunidades atrapadas entre la pobreza y la informalidad. El gran perdedor ha sido el territorio.

La respuesta debe ser, control del estado, como dueño del subsuelo y como árbitro, que debe hace cumplir las reglas, pero también como impulsor de soluciones de futuro.

Antioquia ya demostró que sabe hacerlo. Programas como Antójate de Antioquia evidenciaron que, cuando el Estado acompaña a los emprendedores con capacitación, asistencia técnica, acceso a mercados y fortalecimiento empresarial, pequeños negocios pueden convertirse en empresas competitivas. El Estado actúa como quien siembra un árbol: prepara el terreno, lo riega, lo protege y lo acompaña hasta que da frutos. Esa misma filosofía debería aplicarse a la minería.

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Durante mi paso por la Secretaría de Productividad tuve la oportunidad de acompañar el nacimiento de esa visión de fortalecimiento empresarial. Años después, como Secretario de Minas de Antioquia (2020-2023), impulsamos una estrategia que permitió alcanzar alrededor del 40 % de las formalizaciones mineras realizadas en Colombia durante ese periodo. La experiencia dejó una enseñanza clara: la formalización no debe medirse únicamente por el número de contratos o títulos otorgados, sino por las empresas que nacen, los empleos que se generan, el fortalecimiento de las economías locales y su contribución a mejorar las condiciones de vida de las familias mineras.

China entendió hace décadas que el desarrollo comienza creando empresas. Hoy cuenta con más de 60 millones de empresas registradas. Colombia necesita recorrer un camino similar en los territorios mineros: dejar de ver al pequeño minero como un problema y comenzar a verlo como un emprendedor con potencial para convertirse en empresario.

Pero existe un desafío adicional. En muchas regiones conviven la gran minería mecanizada y miles de pequeños mineros. Allí no debe prevalecer la confrontación, sino la cooperación. Experiencias como las desarrolladas por Aris Mining en Segovia, que produjo en el año 2025, 256.503 onzas de oro, mediante alianzas con pequeños productores formalizados, que representan el 45% de la producción, demuestran que es posible construir relaciones donde todos ganan. El pequeño minero accede a mercados formales, asistencia técnica y mejores procesos de beneficio; la gran empresa aprovecha su capacidad instalada, fortalece su abastecimiento y mejora su relacionamiento con el territorio; el Estado incrementa la formalización y el recaudo; y el ambiente se beneficia con procesos más eficientes y responsables. Iguale estrategia desarrolla Mineros SA en Colombia y Nicaragua.

Antioquia tiene todas las condiciones para liderar la siguiente etapa: la Ecominería. Una minería que no solo desarrolla el subsuelo, sino también el suelo; que recupera ecosistemas, impulsa la agroindustria, promueve la reforestación, fortalece la innovación y crea nuevas oportunidades económicas.

La apuesta tampoco debe terminar en la extracción del oro. Debe avanzar hacia la transformación. El oro es un mineral estratégico para industrias de alta tecnología, como la electrónica y los semiconductores. Medellín cuenta con una Facultad de Minas fundada en el año 1887, con universidades, talento humano, centros de innovación y una reconocida capacidad tecnológica que podrían convertirla en un destino atractivo para gigantes del sector tecnológico. El desafío es pasar del oro a los chips, integrando minería, conocimiento e innovación para generar mayor valor agregado.

La formalización minera debe dejar de verse como un trámite jurídico. Debe entenderse como la política social más poderosa que puede impulsar un territorio minero, porque formalizar no es simplemente legalizar una actividad, es transformar mineros informales en empresarios, es sembrar empresas donde hoy existe informalidad, es generar empleo donde hoy hay pobreza, es convertir los recursos naturales en desarrollo sostenible y esa puede ser la mayor contribución de Antioquia al futuro de la minería colombiana: demostrar que la verdadera riqueza no está únicamente en el oro que se extrae de la tierra, sino en las empresas, el conocimiento y las oportunidades que nacen alrededor de él.

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