Por: Juan Diego Barrera
Lastimosamente la autonomía que nos confirió la Constitución de 1991 a los municipios se ha convertido al tiempo, en el más penoso de nuestros defectos; dado que por capacidad o desconocimiento no hemos decidido tomar el desafío de construir y pensar a largo plazo, mirar siempre adelante, y que a pesar de las dificultades del presente, no se nos opaque le mirada visionaria de para donde queremos ir y transformar nuestra realidad.
El Occidente antioqueño, como ya lo he dicho en otras oportunidades, está en una cuenta regresiva para el impacto económico y social más grande en la historia no sólo de esta subregión sino también de Antioquia: el Túnel del Toyo y Puerto Antioquia. Esto no sólo es un motivo de orgullo para nuestros municipios del Occidente sino una gran responsabilidad de lo que implica en impacto en el territorio, por lo que se hace necesario que ya no pensemos en lo que somos sino en lo que podemos llegar a ser. Es allí donde recae la importancia de analizar, diagnosticar y actualizar nuestros instrumentos administrativos para el crecimiento y proyección organizada de nuestros municipios. Ya no se puede pensar como una zona urbana completamente aislada de la realidad económica del país, ahora debemos entender que cada uno de los municipios es un eslabón de crecimiento para el desarrollo de la subregión, y debemos acoplar nuestras actividades económicas y engranarlas a la actividad productiva que generará este corredor de riqueza para Antioquia, el centro y suroccidente del país.
Es por ello que la tarea más imperiosa de nuestro occidente es actualizar los esquemas de ordenamiento territorial y articularlos entre sí, para que entre todos los municipios se asuma este gran reto económico que se deviene. Actualizar estos instrumentos y ajustarlos en conjunto como subregión es la mejor garantía para enfrentar el desarrollo, dado que sólo podemos avanzar hacia mejores indicadores sociales y económicos sinos preparamos para ello.
Estamos en una tarea contrarreloj, el desarrollo es una espada de doble fijo, puede traer riqueza y desarrollo cuando se tiene la capacidad de adaptación al mismo, pero al tiempo, puede convertirse en un generador de desigualdades y pobreza sino prestamos atención para enfrentarlo.
Occidente tiene la capacidad para adaptarse y asumir este reto, pero debe ser pronto, sin dilaciones y con toda la capacidad puesta en el futuro de nuestros municipios, el progreso y desarrollo están a la vuelta de la esquina y no podemos negarnos a que sigamos convirtiendo a nuestra región en la mejor esquina de América.
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