AGUA, ¡TESORO BENDITO! 

Por: Balmore González Mira 

El mayor tesoro que la naturaleza nos ha dado puede ser el agua. Algunos dirán que el oxígeno, otros que la flora y unos más allá que la fauna y quienes expresan un poco más el existencialismo dirán que la vida. Y debemos concluir que ese tesoro llamado agua es la vida misma. Sin agua nada de lo anterior es posible.

Y si bien, el agua no es intangible como el tiempo, pues es algo que se puede tocar, palpar o percibir físicamente, si podríamos calificarla con este adjetivo para referirnos categóricamente como aquello que no debe ser alterado ni dañado, y agregaría, como algo que no debe ser mal utilizado, malgastado o contaminado por nadie.

El agua es un limpiador natural único del ambiente, desinfecta y purifica por medio de su recorrido los deshechos humanos o industriales que de manera irresponsable se arrojan a los ríos y quebradas. El agua purifica el ambiente y en efecto es un dinamizador total de la naturaleza.

El recurso hídrico puede ser finito si se gasta de manera irresponsable y no vuelven a generarse unas acciones para sembrarla, para cultivarla y para cuidarla. La renovación de los recursos naturales también depende del hombre. En la teoría misma de que es el ser humano el mayor destructor de la naturaleza.

El agua poco se valora cuando está en abundancia, pero ante la falta de la misma, las reflexiones son permanentes, y una de ellas empieza cuando aflora el fenómeno del niño, con sus letales consecuencias, pastos secos y animales muriendo de sed; insuficiencia de alimentos básicos y precios elevados para los existentes; desbordamiento de consumo y sobre todo, racionamiento para quienes en las temporadas normales han tenido el fluido de manera permanente, pues ahí es donde sabemos que ni teniendo el suficiente dinero, podemos tener el preciado líquido,  con consecuencias de salud pública, muchas veces incalculables.

Hace tres décadas sufrimos un fenómeno parecido y contábamos con aproximadamente 33 millones de habitantes, hubo racionamiento de energía y de agua, se movió el reloj una hora y se tomaron otras medidas;  hoy, con menos agua y con unos 20 millones más de personas en el territorio la crisis se agrava y depende de todos que el agua nos aguante hasta dentro de seis meses que el fenómeno se vaya y que este líquido esté ahí y no se evapore para bien de todos los colombianos. El agua es, definitivamente un tesoro que poco valoramos cuando lo tenemos en abundancia.

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