Editorial El Occidental
La mañana soleada del 10 de agosto se fue llenando de oscuridad, de dolor, de tristeza, de llanto, de orfandad, de luto fúnebre, de un país que vivía 90 segundos de pánico, unas horas de angustia y unos días de desesperanza.
La mezquindad apareció inmediatamente después del peor fenómeno natural que haya vivido nuestra nación en el presente siglo. Las dimensiones de los desastres, de las tragedias y del dolor de miles de personas no fueron suficientes para que la ignorancia de algunos llegara a las redes sociales, con sus insinuaciones antisociales e improductivas dónde hasta culpaban al nuevo gobernante del suceso. Colombia también dió gracias a Dios porque en medio de la tragedia, la misma le tocó ser atendida por el presidente Abelardo de la Espriella. En oración agradecieron al Creador que no ocurrió durante el inepto desgobierno anterior.
Un mes después no ha cesado la ignorancia, la hipocresía y el cinismo de quienes bajo la bandera de la oposición, solo la utilizan para criticar a quienes con acierto desde sus cargos de recién nombrados Ministros y bajo la batuta de un Presidente que ha demostrado capacidad, liderazgo y sobre todo orden mental, ha dirigido con seriedad los momentos más difíciles de la tragedia, ha acompañado a todos los afectados y ha llegado a dar esperanza a quienes todo lo perdieron, para comenzar la reconstrucción. Una reconstrucción larga, costosa y no menos dolorosa. Duro la cantidad de vidas perdidas, los desaparecidos y los destrozos en las zonas más afectadas.
Este fenómeno natural también sirvió para mostrar de que y para qué sirven los a veces despreciados empresarios, para que ahora sí se pueda afirmar que son ellos los que mantienen en pie la economía de la nación y que ahora le han dado la mano al país. El empresariado, pequeño, mediano y grande que recibió solo desprecio en los cuatro años anteriores, por fin recibió el reconocimiento que se merece; reconocerles que son los que generan empleo para millones de personas, para que estos y sus familias puedan solventar sus necesidades de vivienda, de salud, educación y alimentación; todo aquello con lo que intentó acabar la ideología de izquierda que nos desgobernó en los pasados 48 meses de oscuridad en Colombia.
Mientras tanto Colombia hoy conmemora el primer mes de la tragedia que viven miles de familias, las mismas que han sentido el profundo dolor, pero la inmensa solidaridad de la mayoría de los seres humanos y la desidia de quienes han aprovechado de manera infame para solo criticar al gobierno nacional y los departamentos y municipios que vienen haciendo y atendiendo bien el desastre, en la seguridad que hoy no están los buitres en la Ungrd, pendientes de un nuevo raponazo a los recursos del estado.
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