ESTILOS DE GOBIERNO, COMIENZA EL DE LA ESPRIELLA 

Editorial El Occidental

Nunca antes en la historia de Colombia se había visto tanta diferencia, material y sustancial entre un Gobernante entrante y otro saliente, como la que ahora se siente, huele y percibe en el país.

Si bien es cierto que al terminar el siglo pasado, en 1978,  pasamos de un fogoso Alfonso López a un más limitado orador como Julio César Turbay; o de un pausado poeta  antioqueño en 1982, como Belisario Betancur a un acelerado y práctico Virgilio Vargas; y que tampoco pasó inadvertido el cambio de este último a la juventud que imprimió en 1990  César Gaviria Trujillo. El país también logró percibir al charlatan y elegido por el narcotráfico en 1994 del cínico Ernesto Samper, que con su humor improductivo poco gobernó durante su cuatrienio; para luego pasar en 1998 a un presidente light como lo fue Pastrana, que pocas decisiones tomaba y prefería  dejar que las cosas pasaran por sí solas.

Al iniciar el siglo XXl, en pleno dominio de la inseguridad del 2002, Colombia sintió el cambio, llegó Álvaro Uribe Vélez con un estilo nuevo, único, cercano a las comunidades y no tan distante, lejano, inalcanzable e intocables como hasta ese momento habían sido los presidentes. De un Uribe abierto en sus ocho años se pasó a un gobernante hipocrita en 2010 que como Juan Manuel Santos traicionó al pueblo, se robó un plebiscito en el 2016 y le entregó el país a las farc y a la izquierda radical de este país. 

Lea también: Cuatro años a bordo de sí mismo: crónica de la relación “tóxica” de Petro con el poder

PUBLICIDAD

En 2018 asumió  Iván Duque, en quien los colombianos volvieron a poner las esperanzas, pero que con su tibieza poco aportó a recuperar lo que santos derrumbó y entregó y algo de lo mucho que Uribe construyó. 

Digamos que todos en su estilo y con sus deslices, unos con dineros de las drogas, otros con recursos de Odrebech y en fin, su comportamiento como presidentes no estuvieron ajenos a chistes, chismes y memes que aún recordamos, pero ninguno pisoteo de tal forma la figura de un presidente, ni siquiera cuando firmaron sobre mármol las promesas y luego las incumplían; o cuando se robaron la seguridad y olvidaron la historia criminal del país y le regalaron curules a los peores criminales del país. 

En el 2022 asume quien podríamos llamar el “gran error de la historia demócratica de la República de Colombia”, a quien se ha calificado de  enfermo mental, Stalinista, perseguidor, ignorante y hasta causador de vergüenza dentro y fuera de su país, con comportamientos personales, públicos y privados que han servido de mofa del mundo entero. Y no qué decir del daño que le ha hecho a la Institucionalidad y a la democracia con su delirante estilo de desgobierno.

Ahora comienza un Gobernante con un nuevo estilo que ya se siente, con una postura ideológica clara y diametralmente opuesta a la del irresponsable que entrega. Abelardo De la Espriella dejará su impronta que ya se va marcando; con discurso hilvanado y autodeclarado de extrema coherencia, ya da visos de lo que será y representa este cuatrienio para Colombia y la patria milagro, con un gobernante normal, empresario exitoso, respetuoso de la ley, con una familia estable y que hará de la presidencia el sitial de honor de dónde nunca debió bajar.

Lea además: La Ruta de las Garzas: el ambicioso proyecto turístico para navegar el río Cauca desde La Pintada hasta Santa Fe de Antioquia

PUBLICIDAD
Follow by Email
Instagram