Por: Félix Alfazar González Mira
La observación desprevenida de un hecho o acontecimiento que se va convirtiendo en recurrente, se va robando la atención y nos va introduciendo en el terreno de lo desconocido en ese momento, como al científico que observa comportamientos, conductas o costumbres en seres vivos o cosas materiales; y lo conducen a construir hipótesis y sobre ellas empezar a elaborar teorías, normas o leyes que van avanzando hacia realidades probables que pueden, finalmente, constituirse en útiles para entorno geográfico o grupos sociales.
Así empezó nuestra experiencia halagadora con los longevos de la ciudad de Santa Fé de Antioquia. El día del terremoto, 10 de agosto pasado, cruzaba desprevenidamente la carrera que va de la variante a la Plaza Mayor de Bolivar con la denominada calle de la Amargura y al ver una bicicleta de modelo antiguo que iba ser utilizada por una persona muy adulta, me detuve, lo miré con su sombrero y sus gafas en medio de un sol de una de la tarde, preguntándole cuántos años tenía. Se sonrió diciéndome que 88. Ante mi asombro me espetó que le gustaba mucho el ciclismo y que a veces lo hacía despacio y a veces no tanto. “Cuando toca correr pues, se corre”. No es un hecho aislado. La semana anterior en medio de un sol canicular por la calle llamada del Medio, en compañía de mi señora, más observadora que yo, hicimos lo propio con un anciano erguido que caminaba orondo cómo si fuera a estudiar. Al preguntarle su edad, mostrando una sonrisa que destacaba un diente forrado en oro nos contestó que 94. Oígase pues!!!. Claudelina, de la vereda El Rodeo, murió recién pasada la pandemia de 114 años.
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Pero desde marzo de 2025 empezamos a interesarnos sería y ciertamente por estos habitantes de la ciudad. Hemos logrado aproximarnos a señalar con certeza que el entorno geográfico, las costumbres en todos los ámbitos que comporte desde los hábitos alimenticios hasta la vida cotidiana del día a día, son muy similares a las reconocidas en el mundo como “Zonas Azules”. Logramos identificar más de 25 sin completar datos que nos daban espontáneos en las calles. Avanzando hacia la demostración que en una población de 30 mil habitantes pueden existir más de 30 centenarios saludables.
Hoy queremos profundizar un poco sobre dos de ellos. Hermanos para más señas, que suman 212 años. Ella, María de los Santos Hernández con 109 y él, Reynaldo, con 103. Es apenas comprensible que Maria se ayude en su movilidad erecta con el caminador pero él si lo hace, eventualmente, solo con bastón a tal punto que hasta hace poco se subía a los techos de su casa de paredes altas a reparar que sus tejas estuvieran ubicadas permitiendo el tranquilo bajar de las lluvias; y se tiene constancia que se sube a los árboles a cosechar sus frutos y podarlos para que continúen con su renovada vitalidad.
Pero no es por arte de birlibirloque que se llega a esa edad en ésta zona. Si revisamos su cultura, sus costumbres y el entorno geográfico donde nacieron y han trasegado su ciclo vital, nos encontramos con la combinación de distintas formas, maneras y modos de vida que se han estudiado en las denominadas “Zonas Azules” del mundo. Desde la cantidad de ingesta alimenticia en proporción con el tamaño del estómago y tener un propósito de vida como en Okinawa, Japón, hasta la oración y espiritualidad de Loma Linda, California, pasando por la alimentación casi ” paisa” en Nikoya, Costa Rica, la actividad rural de Cerdeña, Italia, y los caminantes de Icaria, Grecia. Y todo ello arropado por un clima maravilloso que los médicos recomiendan a las personas adultas para prevenir enfermedades respiratorias.
Conversando con éste par de centenarios nos convencemos que las frutas, verduras y legumbres son una constante en las “Zonas Azules” adicionada por una preparación de alimentos naturales sin ningún elemento procesado. Aaaahhhh! y con la lucidez envidiable de éste par de hermanos vemos, pues, que estamos armados para combatir los cuatro Jinetes de las enfermedades crónicas como las enfermedades cardiovasculares, cáncer, enfermedades cognitivas (como el Alzheimer) y enfermedades metabólicas (como la diabetes tipo 2), que son las causales de la mayoria de muertes en el mundo al ser los enemigos de la longevidad.
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