Por: Félix Alfazar González Mira
Ésta certera consigna concebida por el gobernador Andrés Julián Rendón que encontró, de entrada en su gobierno , un ambiente de “alambradas hostiles” en la centralidad, en el gobierno nacional, en las élites gobernantes. Y al reverso de buscar apaciguamiento con posiciones zalameras o melifluas con el poder central, empezó a construir un “modo” de vivencia institucional que, con el respeto que exigen los buenos modales, no interfiriera con la contundencia del lenguaje necesario en los tiempos del mal gobierno, abandono y ataques alevosos del presidente. Que le informara nuestra disconfirmidad con su pensamiento y gobierno en referencia a ésta tierra y le notificara que, como buenos paisas, ” nos ha cogido la noche en cañadas más oscuras” formadas entre nuestras arrugadas tierras, logrando salir triunfantes y victoriosos al domar las barreras físicas y, los más difíciles muross mentales en algunas épocas de nuestro devenir histórico. Al canto tenemos evidencias de las unas y de las otras. Y éstos años aciagos los hemos capoteado con la frente en alto, con “el hierro entre las manos” y con la entereza de quién le asiste la razón, la resistencia y superación ante las adversidades transmitidas por nuestro épico himno; al recordanrnos que La libertad, el morral, la identidad, la autonomía y la justicia son de la esencia misma de la Antioqueñidad. Y Antioquia masivamente, como adivinando lo que se nos venía, escogió al timonel preciso para la época en que la república se embolató en los vericuetos del neocomunismo. Parece que los pueblos, y el Antioqueño más, tienen la singularidad de vadear tormentas con los capitanes precisos y adecuados para los tiempos respectivos: Pedro Justo Berrío, Álvaro Uribe Vélez, Juan Gómez Martinez y Andrés Julián Rendón.
Y ahí está el resultado político de su participación, siendo definitivo para realinderar la república por los cauces democráticos de dónde nunca debió haber salido. Otra vez Antioquia resistiendo para salvar la patria.
La victoria, estrecha en votos físicos por todo lo conocido y lo que conoceremos, hasta en la tecnología, “al avance 16 se observa una reducción algorítmica de la ventaja de Abelardo sobre Cepeda en los últimos avances en contra de la tendencia permanente lo que genera sospecha en la manipulación del software”, un observador acucioso; pero enorme en ansias de libertad y democracia no expresada por la coacción del fusil y del contrato.
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La manifestación electoral del departamento me lleva a pensar que el partido Centro Democrático deberá ser el eje donde gravita la coalición de gobierno. Ésta, coordinada por el Jefe natural de esa colectividad, interpretará ciertamente lo que la gran mayoría de la opinión pública nacional asipra con el presidente de La Espriella: cambiar la política conduciéndola hacia escenarios superiores de entrega patriótica porque “Los ciudadanos no están pidiendo más cálculos políticos, más dilaciones ni más acuerdos a espaldas del país”.
El Centro Democrático, con 17 senadores y 30 representantes, deberia ser el partido de gobierno alrededor del cual se consolide la coalición mayoritaria del congreso para adelantar las reformas urgentes y necesarias a fin de realinderar el país que anda descuadernado, como gustaba decir el presidente Carlos Lleras. Y con mayores veras cuando su doctrina fue la ampliamente apoyada por los colombianos consolidándose en el ejercicio de la oposición a los gobiernos de Santos y Petro sin ser permeado por lo que los americanos llaman ” el barril de los puercos” : mermelada, contratos, auxilios, puestos burocráticos o eufemísticamente, ” cupos indicativos”. La opinión pública votó contra todo eso. En el escenario político nacional al CD le asiste la autoridad moral y política de forjarse en el debate elevado, en el estudio juicioso, en la aplicación patriótica de alentar el desarrollo y aprobación de las leyes que, en principio, fueron señaladas en el comunicado donde se declara partido de gobierno. No sin antes pronunciarse, en la felicitación al presidente electo Abelardo de la Espriella señalando que “Desde el Centro Democrático estamos convencidos que, bajo su liderazgo, la seguridad, el emprendimiento, la cohesión social y la austeridad en el estado serán pilares fundamentales para la recuperación de Colombia y el fortalecimiento de sus instituciones”. Ahí está la almendra de su doctrina que fue agitada por la campaña triunfadora. Existe, entre el presidente De La Espriella y el partido una comunidad doctrinaria.
Reconocido de polo a polo que Antioquia le dió la victoria, ésta tierra vería señales esperanzadoras en que uno de sus hijos fuera elegido presidente del congreso y diera posesión al presidente de todos los colombianos el próximo 7 de agosto. Después de atravesar éste erial, visualizar llanuras pródigas en esperanzas ciertas para la montaña, son signos alentadores y optimistas para seguir pergeñando el futuro.
El cruce por X, que no debe escalar más, de un directivo de la campaña y el presidente Uribe Vélez, no debe interferir para nada en los asuntos del buen gobierno que esperamos con ansiedad. Demostrado hasta la saciedad el profundo amor que el expresidente tiene por la tierra colombiana y sus compatriotas, su elevada experiencia en gobierno, su infatigable lucha por el desarrollo y bienestar de sus conciudadanos, su indomable capacidad de entrega a las superiores causas de la república y, agregaría yo, la paradójica circunstancia que tal vez ahora sí verá consolidarse su doctrina tan probadamente exitosa, en un gobierno que no salió de su partido si no de las amplias mayorias nacionales interpretadas en su cuerpo doctrinario; ya que el despreciable Juan Manuel Santos nos tiene en lo que estamos y el tibio y extraño Iván Duque gobernó con otros y sus tesis.
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