Editorial El Occidental
Cuando el rechazo a la violencia es utilizado exclusivamente para escalar peldaños políticos y los famosos “Nos están matando” solo fueron un lema de campaña para obtener el poder, los resultados del gobierno que se conquistó sin escrúpulos, no pueden ser más que el reflejo de su ineptitud, descaro, incapacidad, cinismo y hasta complicidad con el delito. Así operó el actual gobierno para llegar al poder y hoy actúa como si no fuera responsable de lo que está pasando.
El gobierno de la paz total le ha pasado factura a la democracia y la ha debilitado de tal forma y en tal magnitud que ya el “Nos están matando” no existe en su agenda, porque saben con certeza que todo este maremágnum ha sido creado y es producto de su ideología y accionar en procura de mantener el poder a cualquier precio.
Hace un año el atentado contra quien hoy estaría muy seguramente como el Presidente electo de Colombia evidenció lo que hemos esbozado, un precandidato como Miguel Uribe Turbay con la capacidad mental, la preparación académica, la vigorosa juventud y la claridad ideológica para rescatar a Colombia del oscurantismo en que lo tienen sumido o desean sumir, recibió las balas del odio, y como el mayor líder de la oposición es acallado por sicarios materiales que no son precisamente los responsables intelectuales de este magnicidio que aún no ha llevado a prisión a quienes hostigaron, planearon y ordenaron el vil asesinato.
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El oscurantismo es una tendencia, doctrina o actitud que busca obstaculizar la difusión del conocimiento. Consiste en mantener a la población en la ignorancia, restringiendo el acceso a la información, el pensamiento crítico y el progreso científico para conservar el control social, político o religioso. Y en efecto una de las formas de mantenerlo es eliminando a quien descubre y denuncia la perversidad de instaurarlo y Miguel Uribe Turbay era su mayor obstáculo.
Hoy se conmemora un año del atentado contra la oposición, contra la inteligencia, contra la capacidad de combatir en las tribunas y los micrófonos; no asesinaron a un combatiente de fusil, asesinaron a un combativo pensante, literalmente masacraron un cerebro y no a un delincuente; destruyeron a un hombre capaz de responder con argumentos y de proponer con ideas; no asesinaron a un incendiario, trataron de matar un ideario. Hoy Colombia respondió en las urnas porque leyó que esas ideas llenas de sangre y de dolor las recogió el candidato Abelardo de la Espriella y las ondeó alto para rescatar a la Colombia que Miguel Uribe Turbay defendió.
No es suficiente con las capturas de quienes dispararon, se requiere llegar a todos los autores intelectuales, instigadores y provocadores del magnicidio para poder afirmar que no hay impunidad en un atentado que en cualquier lugar del mundo hubiera causado las más profundas consecuencias, pero que en Colombia, el país de la “paz total”, fue la simple eliminación de un estorboso miembro de la oposición. Dos meses después, el 11 de agosto de 2025, abandonó la vida terrenal esta joven promesa de la nueva política nacional, Miguel Uribe Turbay. Quienes lo conocieron siempre lo recordarán y quiénes no, siempre lo van a añorar.
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